Cinco pasos para acabar con la desigualdad de género en la educación

Cinco pasos para acabar con la desigualdad de género en la educación

El nuevo Informe de Género GEM publicado el pasado 5 de julio durante la Conferencia Internacional Francia G7 – UNESCO indica que aún no hay el mismo número de niños y niñas inscritos en la educación primaria (en un tercio de los países), en la secundaria inferior (la mitad de los países) y en la secundaria superior (tres de cada cuatro países). Puedes ver sus mensajes clave aquí.

El nuevo Informe, “Construyendo puentes para la igualdad de género”, celebra el progreso a nivel mundial que supone el acceso por igual de niños y niñas a la escuela. Pero también muestra dónde debemos centrar nuestra atención: África Subsahariana está muy por debajo de la paridad en todos los niveles educativos, por ejemplo, y los Estados Árabes ocupan el último lugar en la paridad de género en la educación primaria, posiblemente como resultado de los conflictos.

Si bien se ha avanzado en la paridad de género en algunos niveles educativos, el mensaje principal de este Informe es que debemos analizar más ampliamente las desigualdades de género que afectan a la educación. Recomendamos que los países empiecen a ver la igualdad de género en la educación a través de la lente de un marco de seguimiento más detallado. Estadísticas seleccionadas que elaboran este marco aparecen en el Informe de Género de este año por primera vez. A continuación, describimos algunas áreas clave que pueden ayudar a eliminar los desafíos y lograr un futuro más justo para todos.

En primer lugar, no lograremos la igualdad de género en la educación a menos que desafiemos las normas sociales perjudiciales sobre el papel de la mujer en la sociedad. Una cuarta parte de las personas todavía piensa que es más importante que un niño vaya a la universidad que una niña. Y es dos veces más probable que las niñas participen en el trabajo doméstico infantil que los niños. Tenemos que empoderar a las niñas y mujeres, educar a los niños y hombres e identificar nuevos modelos a seguir si queremos desafiar con éxito el estatus quo.

Además de las normas y los valores sociales, las instituciones pueden incluir o excluir a las mujeres en lo que refiere a recursos y actividades, y pueden protegerlas o exponerlas a prácticas discriminatorias. Tales influencias, presentes en el trabajo o en la familia, impactan las oportunidades en la educación. Significan que los programas técnicos y profesionales siguen siendo un bastión masculino, por ejemplo. Solo una cuarta parte de los matriculados en ingeniería y en programas de tecnologías de la información y la comunicación son mujeres.

En segundo lugar, como con cualquier cosa, lo que obtenemos de la educación depende de lo que dedicamos a ella. ¿Por qué la profesión docente es frecuentemente femenina pero los hombres están a cargo? En 28 países, en su mayoría de ingresos altos, por ejemplo, el 70% de los maestros de secundaria inferior, pero solo el 53% de los directores, son mujeres.

Los currículos y los libros de texto, y la capacitación docente, deben evaluarse para garantizar que tomen en cuenta el género. Los países deben cerciorar que los sistemas educativos tengan en cuenta la igualdad de género. Esto incluye abordar en las escuelas la violencia de género relacionada con la escuela, brindar educación integral en sexualidad –un ingrediente clave para fomentar actitudes de igualdad de género como mostró nuestro último documento de política– y garantizar que las instalaciones de saneamiento sean adecuadas. En 2016, solo la mitad de las escuelas tenían instalaciones de lavado de manos con agua y jabón.

En tercer lugar, nos guste o no, el cambio también debe venir de arriba. Se necesitan leyes para cambiar el estatus quo: los países deben prohibir el matrimonio infantil y permitir que las niñas embarazadas vayan a la escuela. 117 países y territorios todavía permiten que una niña se case, por ejemplo, y cuatro países en África Subsahariana imponen una prohibición total de que las niñas regresen a la escuela después del embarazo.

En cuarto lugar, los países deben asegurarse de que sus planes coincidan con sus compromisos para abordar la desigualdad en la educación. Nuestro análisis de los 20 países con las mayores brechas de género en la educación mostró que, de las políticas que se está implementando para abordar la desigualdad de género, la más generalizada es realizar transferencias de efectivo y en especie (implementada en tres de cada cuatro planes). La reforma de los currículos y los libros de texto, la participación de las niñas en los programas de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, y el acceso seguro a las escuelas, sin embargo, son menos comunes (figuran en uno de cada cinco planes nacionales).

Los países con altos niveles de disparidad de género no deben ver los planes de su sector educativo como un ejercicio que implica tachar casillas para satisfacer las demandas de los donantes a fin de obtener acceso a recursos de ayuda. Deben adoptar la planificación del sector de educación con perspectiva de género como una parte central de su compromiso de garantizar una educación inclusiva, equitativa y de alta calidad para todos para el 2030.

Por último, los países deben asegurar un seguimiento de su progreso hacia la igualdad de género en la educación, siguiendo las pautas del marco sugerido en nuestro Informe. La disparidad en el progreso y la consecución, especialmente cuando se desagrega aún más por características como la pobreza y la ubicación, da una buena primera indicación del estado actual y las tendencias pasadas, pero no es suficiente para dirigir la acción. Tal seguimiento mejorado debería guiar los análisis de género en los planes y presupuestos educativos.

Fuente: https://educacionmundialblog.wordpress.com/