El impacto de la crisis del coronavirus en el derecho a la educación en todo el mundo

La pandemia global del COVID-19 está teniendo numerosos impactos, no solo en términos sanitarios, sino también económicos y sociales. Desde la Campaña Mundial por la Educación nos preocupan especialmente las consecuencias que pueda tener el cierre de todos los centros educativos en más de 184 países, una medida de prevención que, según datos de UNESCO, está afectando al derecho a la educación de más del 87% de la población estudiantil. Una cifra que se prevé que vaya en aumento en las próximas semanas. Si bien en algunos países se están poniendo en marcha medidas de escolarización online, lo cierto es que las personas y comunidades en situación de mayor vulnerabilidad no tienen acceso a este tipo de tecnologías. Por otro lado, en muchas ocasiones las familias  de estos estudiantes no tienen la preparación, la tecnología y/o  los medios necesarios para facilitar el aprendizaje de los niños y niñas desde casa. Así, esta situación puede provocar que millones de niños y niñas se “queden atrás” en estas semanas de parón.

“Nos preocupan enormemente las consecuencias que el cierre de los centros educativos pueda tener en términos de equidad e inclusión educativa, tanto en España como, sobre todo, en otros países que carecen de sistemas educativos sólidos. La interrupción del aprendizaje afecta de forma desproporcionada a las personas en situación de mayor vulnerabilidad”, afirma Cristina Álvarez, coordinadora de la Coalición Española de la Campaña Mundial por la Educación. En este sentido, no queremos dejar de reconocer el trabajo de todas las administraciones educativas del territorio español, lideradas por el Gobierno central, para mitigar estos impactos entre la población más vulnerable, y recomendamos que estos esfuerzos se centren en aquellos colectivos que tienen más dificultades para continuar con la escolarización desde sus casas.

La interrupción de la normal escolarización de millones de niños, niñas y jóvenes va a tener consecuencias tales como el incremento del abandono escolar temprano, pero también otras que trascienden el ámbito educativo. Por ejemplo, la falta de acceso a los comedores escolares puede afectar gravemente a la nutrición de los menores, mientras que el aislamiento derivado de la falta de contacto con otros estudiantes puede repercutir negativamente su aprendizaje y desarrollo. Por otro lado,  en muchos países, las escuelas constituyen un espacio seguro, que garantiza a niños y niñas una protección frente a la violencia y otros riesgos de la que ahora carecen. Vivimos una situación inédita y de absoluta excepcionalidad. No obstante, esta crisis pasará, y no podemos correr el riesgo de que, cuando lo haga, millones de los niños y niñas más vulnerables se hayan quedado fuera de los sistemas educativos. Las organizaciones que forman parte de la CME en España están presentes, a través de proyectos de cooperación educativa, en muchos países cuyos sistemas educativos ya necesitan un refuerzo significativo y que, superada la crisis, necesitarán más que nunca del apoyo de la cooperación.

Si algo nos está enseñando esta crisis es que nuestros principales problemas son globales, y las soluciones también deben serlo. “Los ODS y la Agenda 2030 están más vigentes que nunca y la educación, recogida en el ODS4, es absolutamente imprescindible. Por eso, a pesar de la emergencia que vivimos, la educación no puede dejar de ser una prioridad, tanto en términos políticos como económicos. Nos jugamos mucho”, concluye Cristina Álvarez.