Día de la Tierra, volveremos a sentir el viento en la cara

Quizá hoy más que nunca apreciamos las cosas pequeñas, como el sonido de las olas, los rayos del sol, el olor de los árboles. Ahora que la naturaleza ha ido recuperando sus espacios, y miramos con asombro desde nuestras ventanas cómo los corzos y los jabalíes campan a sus anchas por las ciudades desiertas, puede que empecemos a mirar nuestro planeta como un verdadero hogar. Hoy, 22 de abril, se celebra como cada año el Día de la Tierra, pero seguramente este de 2020 no lo olvidaremos nunca. 

Desde la CME llevamos unos días reflexionando sobre cuáles son los principales aprendizajes que estamos extrayendo de estos días insólitos, cuál es #LaMejorLección de esta crisis global. Y una de las más importantes es, sin duda, precisamente ésa: su globalidad. La COVID-19 está haciendo más patente si cabe el hecho de que lo que ocurre en cualquier lugar del mundo afecta directamente al resto, que nuestros mayores retos lo son para todos y todas, y que por lo tanto las soluciones también deben ser globales. Es el caso de la COVID-19, pero también del futuro de este planeta que es nuestra casa común. Durante décadas, hemos vivido como si la Tierra y sus recursos fuesen infinitos, como si nuestro modelo de producción y consumo pudiese mantenerse a este ritmo para siempre; como si la crisis climática, al igual que la pandemia, estuviesen en un futuro muy lejano de ciencia ficción. Ahora nos estamos dando cuenta de que el futuro ya está aquí

La Semana de Acción Mundial por la Educación de 2019 se dedicó precisamente a la educación para la sostenibilidad medioambiental y social, esto es, a la necesidad de cambiar nuestros modos de vida para que la Tierra pueda seguir siendo un lugar habitable para todas las personas a corto plazo. También quisimos destacar el papel clave que puede y debe jugar la educación en esta transformación, detallando cómo nos dota de las herramientas y capacidades tanto para tratar de revertir esta carrera de destrucción irrefrenable del planeta como para que las personas y comunidades más vulnerables (las mayores damnificadas, siempre) sean capaces de adaptarse de la mejor manera a los efectos de esa crisis climática, que hace tiempo se dejan notar. Podríamos pensar que este año tenemos un escenario distinto, y desde luego lo es, porque nadie sabe cómo va a ser el mundo al otro lado del coronavirus. No obstante, lo esencial no ha cambiado o, si acaso, se ha agravado: cuando esta crisis pase, la emergencia climática global seguirá ahí, imparable, y tendremos que hacerle frente. Desde la CME, queremos reivindicar que la educación es la respuesta a ambas crisis, y que los decisores políticos no deben olvidarlo. 

Volveremos a escuchar el sonido de las olas, a recibir los rayos del sol, a disfrutar del olor de los árboles. Volveremos a sentir el viento en la cara. Y ojalá que, cuando lo hagamos, no olvidemos que no podemos darlos por sentados. La supervivencia de nuestro planeta depende, en gran medida, de nosotros y nosotras.  Por eso, el mayor homenaje que podemos rendir a la Tierra es aprender a cuidarla. Hoy, miércoles 22 de abril a las 17h os invitamos a aprender sobre esta y muchas cosas más en nuestra charla sobre el Presente y futuro del derecho a la educación en tiempos de COVID-19, con Vernor Muñoz, Responsable de Políticas e Incidencia del Secretariado de la CME y ex – Relator de las Naciones Unidas para el Derecho a la Educación (enlace aquí).